Envejecer practicando yoga: marcha atrás al deterioro y marcha hacia la luz

Este año vuelvo a tener el honor de impartir un seminario de yoga para mayores en la universidad de Las Palmas para la Asociación de Peritia y Doctrina. La labor de esta gran asociación es permitir y fomentar el acceso a estudios universitarios a las personas mayores de 55 años. Ya hace unos años que conozco a esta asociación porque algunos de mis alumnos más veteranos cursan estudios gracias a esta iniciativa. Esta gran iniciativa no solo brinda la oportunidad de estudiar a personas que durante su juventud no pudieron sino que mantiene y alimenta esa motivación por aprender que nos ayuda a mantenernos jóvenes pese al paso de los años. Par mí es un placer poder impartir clases a estas personas con tantas ganas de aprender y tanta experiencia que compartir.

Es evidente que el yoga se está volviendo cada día más popular y que su popularidad continuará creciendo a medida que la medicina siga redescubriendo y documentando su valor. Sabemos que la gran mayoría de las técnicas de gestión del estrés tienen su origen en el yoga. Cualquiera que sea la edad, religión, condición física o cultura, la práctica del yoga con sus ejercicios de estiramiento, de fortalecimiento, de respiración y técnicas de relajación nos ayudan a mejorar la calidad de vida y la salud. El yoga como sistema holístico de salud resulta ideal para los mayores. Adoptar el yoga como forma y estilo de vida puede contribuir a retrasar el proceso de envejecimiento y seguramente a hacer el camino más felizmente.

La práctica de estiramientos hacia delante, hacia atrás, torsiones, posturas de pie, de equilibrio, posturas invertidas acompañados de técnicas de relajación y respiración alivian el cuerpo de la rigidez y la tensión acumulada, restauran la vitalidad, la fuerza y la resistencia, mejoran el equilibrio y la coordinación y además contribuyen a un mejor funcionamiento de los procesos de digestión, asimilación y desintoxicación. Los mayores en particular necesitan un programa de salud consciente e inteligente que integre todos los procesos fisiológicos psicológicos y espirituales. Desde el punto de vista físico, la práctica del yoga fortalece y equilibra todos los sistemas del cuerpo y previene y alivia problemas comunes al envejecimiento. En el aspecto mental y psicológico, mejora la concentración, calma y estabiliza las emociones y ayuda al que practica con regularidad a ver la vida desde una perspectiva más amplia. Desde el punto de vista espiritual, el yoga expande nuestro nivel de conciencia y educa a la mente y al cuerpo para permanecer en paz. El yoga nos ofrece una filosofía y una técnica práctica para experimentar unidad y armonía en cada aspecto de nuestra vida.

Uno de los síntomas más visibles del envejecimiento es probablemente la degeneración de la columna vertebral, el pecho hundido, los hombros cargados, la cabeza inclinada hacia delante y un aspecto jorobado que no solo resultan antiestéticos y causan dolor. Estos cambios afectan a la respiración limitando la cantidad de oxigeno que reciben las células, interfieren con el flujo vital de sangre e impulsos nerviosos a los órganos internos contribuyendo así a problemas cardiovasculares, respiratorios y digestivos. Los ejercicios de yoga se ocupan eficazmente del mantenimiento y restauración de la salud de la columna vertebral. Con una práctica regular se va generando espacio, se tonifica y fortalece la columna y se mejora la postura. La respiración, la circulación, la digestión y nuestro estado de ánimo lo agradecen infinitamente. Si es verdad que cuanto antes empecemos mejor será y que estos síntomas no solo afectan a los mayores sino que se suele dar en personas jóvenes que por su trabajo o sus hábitos comienzan pronto a mostrar estos cambios. De cualquier forma, nunca es tarde para empezar y agradecer los beneficios.

En yoga se exploran todos los movimientos posibles de todas y cada una de las articulaciones. Trabajando de forma inteligente, dedicando tiempo y atención a la correcta postura y alineación se consigue mantener y mejorar la movilidad de las articulaciones de forma eficaz y segura.

A veces erróneamente se considera que el yoga no es una forma eficaz para fortalecer los huesos y prevenir y tratar la osteoporosis. Sin embargo, durante la práctica del yoga, se va aplicando el peso de forma sistemática en todos los huesos de las manos, los brazos, el tronco, el cuello, la cabeza, los pies y las piernas. Es uno de los pocos sistemas de ejercicio en los que se aplica peso en todas las partes del cuerpo contribuyendo así al fortalecimiento de todos nuestros huesos. Por supuesto este trabajo se debe realizar de forma gradual y respetando la condición de cada uno.

Las posturas invertidas son una de las prácticas más especialmente beneficiosas del yoga. La medicina reconoce claramente los enormes beneficios sobre la circulación, los pulmones y el cerebro de invertir la fuerza de la gravedad.

La fuerza de la gravedad produce la compresión y aplanamiento de las células y vasos sanguíneos del cerebro, contribuye al colapso de los lóbulos superiores de los pulmones, causa tensión sobre los ligamentos y presión en los vasos sanguíneos y órganos del abdomen. Invertir la postura ayuda a compensar y revertir estos efectos.

Una de las funciones más vitales del sistema cardiovascular es proporcionar sangre fresca al cerebro. Cuando estamos de pie o sentados el cerebro se encuentra por encima del corazón y el sistema cardiovascular necesita compensar trabajando duro para bombear la sangre hacia el cerebro. En las posturas total o parcialmente invertidas, el cerebro se posiciona bajo el nivel del corazón y la fuerza de la gravedad favorece la irrigación del cerebro con el mínimo esfuerzo del corazón. En posiciones completamente invertidas, la sangre venosa fluye desde las piernas y el abdomen hacia el corazón sin estrés. La práctica regular y prolongada de extensiones hacia delante y posturas invertidas pueden ayudar a reducir la presión arterial. Darle la vuelta al cuerpo ya sea parcial o totalmente contribuye a mejorar la circulación en todo el cuerpo incluido el cerebro. El cuerpo y la mente se sienten revitalizados y relajados. Cuando invertimos el cuerpo, la sangre circula con facilidad alrededor del cuello, el pecho y la cabeza. Este aumento de la irrigación contribuye a su vez a estimular las glándulas tiroides y paratiroides y ayuda a los pulmones, la garganta y los senos nasales a resistir mejor las infecciones. Curiosamente entre mis alumnos suelen ser los más mayores los que más agradecen este tipo de posturas. Por supuesto la práctica de las posturas invertidas se debe hacer gradualmente, teniendo en cuenta la condición de cada uno y bajo la guía de un profesor experimentado.

No hay duda de que la verdadera salud incorpora cuerpo, mente y espíritu. El yoga incorpora tanto los procesos fisiológicos como los psicológicos y espirituales. B.K.S. Iyengar insistía mucho en que es nuestro deber y responsabilidad cuidar nuestra salud. Mantener un cuerpo, una mente y un espíritu sanos requiere de nuestro esfuerzo constante. Puede que sea más cómodo dejarse ir y culpar al paso de los años y a las experiencias vividas de nuestra condición física, mental y emocional. Puede que el ‘no puedo’ se haya apoderado de nosotros. Sin embargo podemos afirmar que tomar las riendas y esforzarnos es infinitamente más agradecido y satisfactorio.

Dicen los sabios yoguis que después de los 50 es la etapa de vida ideal para el crecimiento psicológico y espiritual. Practicar yoga en definitiva no solo nos ayuda a restaurar la salud y la vitalidad del cuerpo sino que además tiene la capacidad de abrir al ser humano a todos los niveles para que envejecer se convierta en una época de mayor perspectiva e iluminación en lugar de una etapa de declive y deterioro.